El rock del Perazzo

Temperley hizo un vuelco con el nuevo DT: consiguió un juego con mayor equilibrio, le saca provecho a las virtudes de sus jugadores y es sumamente efectivo. Ya lleva 13 de 15 puntos disputados y llegó a 18 en el torneo de la Primera Nacional. El 1-0 ante Mitre, en Santiago del Estero, exhibe una cualidad que nunca debe faltar cuando no se tiene el juego vistoso que sí estuvo ante Morón: el overol, la entrega y la solidaridad para hacerse fuerte a nivel defensivo. «A lo Rezza», decían algunos hinchas en las redes. A lo Perazzo…

«Yo quiero mi pedazo, porqué no me lo dan», rezaba la canción. Tranquilo Juanse, que hay para todos. Nadie se quiere quedar afuera de este tren. Es que el Temperley de Walter Perazzo ilusiona tanto a los que gustan del juego vistoso que mostró el equipo ante Morón como también a los que valoran otras cualidades como la garra, la entrega, el aguante y la solidaridad táctica para convertirse en un equipo serio y con aspiraciones en la Primera Nacional. No es casualidad: el «Cele» ya había hecho un planteo similar en San Juan, a pocos días de comenzado el ciclo del nuevo DT que le cambió la cara al Gasolero para que pasara del toqueteo intrascendente, a un pragmatismo y un vértigo mucho más acordes con la categoría.

Más allá de la contundencia de los números (que el Cele no conseguía, desde 2014 cuando ganó por última vez tres al hilo de la mano de Rezza) lo más importante es que el «Cele» encontró una forma, una manera de juega y un sistema que le sienta cómodo a los jugadores. Así, aparecen potenciados «Chucky» Baldunciel (mucho más suelto y picante en ataque), Mauro Cerutti (de aquella función de interno donde se lo notaba incómodo, a este extremo mucho más vertical que le es útil al equipo) y se destacan con nivel superlativo los dos volantes centrales: Federico Fattori (afirmado como capitán, robando pelotas y haciendo jugar) y Emanuel Ibañez (de generoso despliegue, tanto para marcar como para ser opción en ofensiva). Ya no se marca más en línea: la defensa es más escalonada, con Alarcón como estandarte y Demartini acompañándolo también en gran momento. Y los laterales primero son sólidos atras, después suben. La heladera en la cocina, la TV en el living, la mesa en el comedor…

Hasta se las ingenió para disimular la ausencia de Mauro Guevgeozián, con las actuaciones de Rinaldi (más destacado en lo asociado que en la lucha con los defensores) y Messiniti (muy generoso para ir al choque solo contra todos, además del doblete que marcó ante el Gallo).  Y otra perla del ciclo Perazzo es el nivel de Mauro Gonzalez: el ex Boca y Almagro (antes relegado) hoy aparece como una pieza fundamental en el sistema futbolístico de Temperley, siendo casi un antiguo «enganche» pero con más movilidad.

Todavía queda mucho camino por recorrer, pero la ilusión está en marcha. El equipo da motivos para que la gente (que siempre está) se ponga a contar los días que faltan para jugar en casa ante Independiente Rivadavia, para que explote el Beranger. Antes, claro está, hay una parada brava el sábado frente a Platense (gran candidato al ascenso) en Vicente López. Será una buena medida para este Gasolero rendidor que llega acelerando a fondo hasta territorio Calamar. Después, quedarán también Atlanta en Villa Crespo y Ferro en casa para cerrar el 2019 con el mayor puntaje posible, pensando en clasificar a la Copa Argentina (el primer objetivo que se han puesto Perazzo y los jugadores) y quedar lo más arriba posible pensando en el Reducido. ¡Salud amigos, pudimos cambiar en poco tiempo angustia por sonrisas! No podía ser de otra manera: la escuela de la entrega, el sacrificio y de ganar «a lo temperley» (como en épocas de Pachamé, Ostúa o Rezza) está de regreso.

Pepe Tricanico 

 

 

 

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