Que las sombras sean solo por el reflejo del sol

Terminó la era Aldirico, empieza un nuevo ciclo con Walter Perazzo como conductor de la ilusión celeste. Expectativas, paisajes y pensamientos Gasoleros, con la pluma de nuestro comentarista Federico Gastón Guerra.

Releo a Osvaldo Soriano y me da la sensación que por las noches (era su momento perfecto del día) pasa por mis libros y los reescribe aún mejor. Encuentro cada vez en su obra frases únicas y perdurables. Esas que no necesitan fórceps para adaptarse a lo que quiero decir sino que son lo que pienso y no sé expresar en mejores palabras. Como describió con ajustada precisión mi amigo Carlos Algeri “fue un escritor imaginativo, provocador, capaz de macerar la alquimia perseguida por todo narrador: entretener, promover la reflexión y conmover”. Todo esto viene a cuento de una nueva etapa de trabajo en nuestro amado Club Atlético Temperley: el turno de Wálter Perazzo.

El flamante DT debutó en 1979 en San Lorenzo, luego llevó sus goles a Estudiantes de La Plata (campeón en 1982), Independiente de Santa Fe (Colombia) y vuelta a Boedo para ser ídolo azulgrana con 77 goles marcados en 240 partidos jugados. De ahí saltó a Boca Juniors, Argentinos Juniors, Deportivo Cali, Bolivar de La Paz y terminar sus tardes goleadoras del otro lado del mundo, en Corea del Sur y finalmente en Toronto, Canadá.

Un trotamundos del futbol que luce también su experiencia de entrenador: iniciado en El Porvenir de Gerli (1998 hasta 2000 dupla técnica con Leonardo Madelón), Selección Sub-20 (2010-2011), Olimpo (2012-2015), Ferro Carril Oeste (2016) Aldosivi (2017) y Nueva Chicago           2018. Disputó 302 encuentros con el buzo de entrenador y logró el algo más del 46 por ciento de los puntos en juego. “La Comisión directiva me convenció que yo era el técnico indicado; soy optimista de enderezar esto para que el equipo esté a la altura de la camiseta”, declaró recientemente en una charla radial.

Una apostilla de Wikipedia remarca que “en 1987, en gratitud al país de su padre que lo erigió ídolo, se nacionalizó argentino y jugó con dicha camiseta el Torneo Preolímpico Sudamericano Sub-23, disputado en Bolivia, siendo el primer jugador nacido en Colombia en jugar para la selección austral”.

Y lo mezclé a Osvaldo Soriano en todo este asunto porque él era fanático de Los Gauchos de Boedo, cuna goleadora de Perazzo. Y en esa sinergia de literatura, sentimientos y fútbol escribió páginas que son gloriosas y que moldean mí misma emoción sobre este deporte.

En su novela “Una sombra ya pronto serás” plasmó en escritura lo que quiero para mí club, que anda como en penumbras futbolísticas como si jugara siempre de noche y a media luz en algún pasaje del suburbio: “En el camino cuando todo parece perdido siempre queda una última maniobra. Un golpe de volante, un rebaje, algo, pero nunca el freno. Usted toca el freno y está perdido”.

Este Celeste debe tatuarse esta frase en el alma. Saber que las sombras sólo serán permitidas como consecuencia del reflejo del sol que caerá pesado y potente en ese San Juan que lo muestra con orgullo en cada atardecer limpio cuando febo roza las viñas y las convierte en piedras preciosas al ojo del viajero. Y el freno solo debe tocarse para apreciar ese paisaje.

Quisiera, pues, de esta etapa que comienza un equipo, de la mano de los jugadores y el cuerpo técnico, con coraje e ideales claros de pertenencia porque ya lo dijo Soriano: “Los ideales son la única forma de saber que estamos vivos”.

Éxitos. Los estamos acompañando…

Federico Gastón Guerra

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