Una melodía que queda para siempre…

La leyenda que me cuenta mi papá es que un relator de fútbol me puso unos auriculares en la platea del Beranger cuando tenía 3 o 4 años. Eso sería por los albores de los ’80. Tal vez si pasó así él anduvo orgulloso por las tierras de Turdera. Nadie recuerda ni el partido ni el resultado. Y yo tomo ese momento de mi vida como una pieza en el puzle que nos forma como personas; y a veces cuento ese momento a quien quiera escucharlo…

Una vez consumado ese instante ya sos de Temperley. No tenés forma de escaparle al designio maravilloso de la vida y el futbol (parafraseando aquello de La Vida y el Canto del gran maestro Antonio Carrizo). Y vas a la cancha, te asocian y te seguís asociando, te ponés de novio, te casas y tenés hijos (una se llama Emma Celeste)… sufrís mucho en las gradas, con la radio o por la tele.

Sabés que por tu cuadro vas a andar semanas enojado y algunas tardes se te van a hinchar los ojos de bronca amarga y vieja… Sabés, además, que también habrá soles fulgurantes por ahí entre las nubes grises y espesas del cielo futbolero…

Y por esas vueltas del destino una tarde te ves envuelto en tu propio relato o comentario desde esa misma cabina que años atrás, cuentan, te pusieron esos auriculares que crees lo cambiaron todo. Ese color celeste se metió en tu piel como lucecita del atardecer en una ventana abierta…

Por eso tenemos la fe intacta que un centro, una pelota aislada, un borbollón en el área, un bombazo de lejos… o una pirueta de circo sea la llave para abrir ese grito seco que solo el Gol puede darte hasta olvidarte que tenés cuerpo y ser solo un alma libre que anda de gira por el jardín de los dioses… De los dioses del Olimpo.

Allá vamos a ese Olimpo que en Bahía Blanca debe ser la musa inspiradora de nuestros jugadores. Ellos tienen la responsabilidad de alimentar nuestros anhelos y esperanzas. Nosotros trataremos todo lo que podamos de ser racionales, ecuánime y reflexivos… pero en la primera pelota que bese la red un bienestar tibio y dulce nos elevará como en un viaje al mayor de los placeres.

Porque no habrá Zeus que pueda quitar de nuestras vidas aquellos primeros flashes de un chico de jardín de infantes que una vez tuvo su primera experiencia con un juguete de verdad como aquel audífono del relator y justo en su cancha  y justo con su papa y justo un día que marcó el resto de los otros. Sí porque oficialmente soy hincha desde ese día y no habrá Monte del Olimpo ni guerra de los Dioses que me arrebate aquello…

Vamos Temperley a elevar alto tu grato nombre en Bahía Blanca, juegue Gasolero en su versión más Celestial para que por sobre nosotros este domingo hasta vuelen los ángeles… 

 Federico Gaston Guerra

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