Cómo no recordar… cómo no ilusionarme

Quedaron en el pasado esos momentos hermosos que me regaló el fútbol donde pude ver al Gasolero jugar y brillar por la Primera División de nuestro fútbol. Hoy sentado en este bar tomando está lágrima que pedí se me vienen a la memoria tantos bellos recuerdos que a mis 33 años mantengo muy cerquita…

Cómo olvidarme de aquellos días donde con apenas 15 años me rateaba del colegio junto a un gran amigo para poder ir a ver al Cele enfrentándose allá, a más de 80 kilómetros, al club Armenio… ahí donde después de casi cuatro horas, horas largas de viaje, tomamos, creo yo, todos los trenes de la Provincia para llegar recién en el segundo tiempo y ver así el “gran” empate de visitante que se logró…

Creciendo y viviendo junto al Celeste llegó esa mágica noche donde unos locos guerreros junto al general Ricardo Rezza nos dieron semejante alegría: por primera vez lloré por más de media hora junto a mí hermano y a mí sobrino por la soñada noche que se estaba convirtiendo en realidad.

Cómo no recordar esos hermosos lugares de nuestra Argentina. Esos que recorrí junto a queridísima gente que valoro.  Pensar que mi auto no cruzaba la avenida General Paz y un día logró llevarme hasta Córdoba para llorar de alegría al ver un terrible triunfo del Gasolero y así darme cuenta que el ascenso a la A estaba a la vuelta…

Y me llega como en una ráfaga ese tan ansiado ascenso… cuántas veces lo pensé y lo imaginé. Y ahí estaba mí Temperley en Primera A: ya no había que explicar más en que categoría jugaba mi club porque todos lo veían y empezaban a conocer a toda su hinchada.

No puedo dejar de recordar aquel primer partido frente a Boca, el empate épico frente a River en el monumental, el histórico triunfo frente a Racing de local y el inolvidable 1 a 0 frente a San Lorenzo allá en viejo Gasómetro. Y esa eterna gente de Temperley llenando y copando una y otra vez tanto el teatro de Turdera como una noche mágica de Mar del Plata donde no se jugaba por nada pero su gente se hizo dueña, por un día, de la playa de La Feliz y de su estadio mundialista.

Ahora se vienen nuevos tiempos y desafíos pero con un mismo objetivo: volver donde mejor todos nos sentimos y donde Temperley se merece estar que es la Primera A porque ya se demostró que el Gasolero es, sin lugar a dudas, el más grande del Sur.

Respiro hondo y pago la cuenta acá, en mi segunda casa, en el bar del club. Camino con unas lágrimas en los ojos que dicen: “Gracias Temperley por ser parte de mi vida y de los momentos más hermosos que viví…”

Y en ese andar abrigado con mis manos en los bolsillos el tarareo se forma solo: “Va A volver… el Cele va A volver…”

 

Mauricio Ifrán

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