Esa irremediable melancolía…

La mañana color plata se posó en Turdera. Una suerte de brisa perezosa se coló en mi ventana mientras el café del domingo humeaba y las letras moldes del diario me miraban con ojos saltones desde la mesa del comedor. Era muy temprano y ya pensaba en que sería la última de local en esta bendita Súperliga. Habrá, más adelante, nuevos desafíos en un futuro cercano. Pero en ese momento sólo me pasaba por la cabeza saber que sería una despedida.

Los hinchas Celestes somos siempre un puñado de ilusión que nos infla el pecho y nos lleva a volar alto o llegar lejos y ser muchos. Repaso muy de pasada esa maratón al estadio Único de La Plata (las crónicas afirmaron que fuimos 10 mil) y esa pueblada a Mar del Plata por la Copa de Verano (que de yapa nos trajimos, y frente a Racing). Y eso que nos dejaron salir poco porque hubiéramos sido miles en estadios de los grandes y de los no tan grandes.

Las vías apenas vivas del viejo ramal Mármol – Haedo (hoy el servicio es Temperley – Haedo) se me antojaron en una perspectiva de ascenso al cruzar por ahí y enredarme con el paisaje verde del Parque Finky para llegar al Beranger donde apuré un café y una medialuna. Conversé antes de subir a la cabina de El Show de Temperley con socios de todas las edades que ya están trepados a las ganas de volver pronto.

Ya en partido todo fue gris. Habrá que pensar mucho lo que se viene. Y hacerlo bien. Encastrar cada pieza con precisión de relojero suizo para que la máquina vuelvas a funcionar y la hora sea exacta en minutos y segundos. No servirá de nada emparchar o remendar lo roto si hay mucho roto.

Dijo el relator enojado: “Cómo puede ser que Patronato (nuestro rival) se quede en la A y nosotros no”. Es que el fútbol es una suma de circunstancias del juego. Luego quedará tiempo para esos análisis comparativos de hinchadas e instituciones. En lo concreto de los cuatro momentos que tiene este deporte (le robo la idea a Cesar Luis Menotti): defender, recuperar la pelota, generar juego y definir… ¿En cuál podemos decir que aprobamos?

Sí somos únicos en aliento, hinchada, perseverancia y pasión. Por esto fuimos ejemplares al despedir a este equipo en el pitazo final de un impiadoso 2 a 1 en contra con las fallas de siempre abajo y en ataque. No dejó la piel este 11 de Temperley. Pero ya, a lo Dolina, es “demasiado tarde para lágrimas”.

Mi hija Emma Celeste (de 5 años) seguro volverá a ver su Gasolero en PrimerA. Pero antes tendremos que salir a formar un cuadro de esos que se merezcan el marco de nuestra gente. La B Nacional nos espera y no espera. Serán balas de plata en cada juego y habrá que andarle cerca al blanco, de lo contrario será gastar municiones.

Por ahora y esperando la última estación en Belgrano de Córdoba en esta suerte de purgatorio futbolero propia de esta comedia (sin Divina, me dijo con tino Carlos Algeri) me invade esa frase de Eduardo Galeano: “Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al fin del partido”.

Federico Gastón Guerra

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