Un retrato en el estante

Te invitamos a leer la columna clásica de nuestro compañero Federico Guerra, un repaso por los sentimientos que afloran tras el descenso y el puño apretado que ya sueña con volver. Imperdible.

Desde un marco Celeste me mira mi papá con una sonrisa grande y cara de felicidad plena. Gastón queda tapado por mi brazo que se estira hasta casi arrancarse. Yo estoy enfundado en mi gorro de mil batallas, de esos redondos y bien de cancha. Al lado nuestro todo es tono Gasolero y clima de fiesta que nunca va a terminar. La foto está justo por encima de este teclado. La encontré de casualidad entre tantas postales que el día del ascenso a Primera A giró por las redes sociales y la hice papel y cuadro. Esa alegría es hoy una gran tristeza.

El rodar de este paso por la novel Súper Liga me dejó en algunas estaciones impensadas aquel día de la vuelta. Fui escritor de columnas  crónicas  de mi amado Temperley, me tocó comentarlo y ¡hasta relatarlo para la radio de El Show de Temperley! En una seguidilla de encuentros como quien acompaña a un gran amigo jodido de todo y que necesita nuestra compañía.

La pregunta más famosa del escritor y premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa aparece en las primeras carillas de esa novela monumental llamada Conversación en la Catedral cuando se pregunta: “¿En qué momento se jodió el Perú?” Yo hago mi charla en un café cualquiera del Sur y sobre su mesa me interrogo “¿En qué momento se jodió el Celeste?”. Parafraseo aquello desde lo futbolístico porque creo que nunca nos sobró nada pero me duele saber que a este torneo no le presentamos batalla. Y entonces así respondo mi duda.

Fue esta temporada un año futbolero que se fue hundiendo como quien pisa gelatina a medio hacer y no pudimos hacer pie. Pasaron los técnicos y muchos jugadores pero no se pudo. Quedamos lejos de hazañas recientes como aquellos triunfos en fila frente a San Lorenzo y (goleada) a Racing hace apenas un torneo. No pudimos. No hubo resistencia en la defensa y no hubo ataque allá adelante.

No es esta página una crónica de táctica o estrategia. Es expresar que ando triste y punto. El análisis de cada partido lo fuimos haciendo desde cada cancha que nos tocó sufrir (desde Boca hasta Rosario, Arsenal, Newells, Banfield… todas) y ahora quiero ser más hincha. Más el papá de Emma Celeste que con sus 5 años me pregunta cada día por Temperley y que hasta grita goles en un micrófono hecho con un peine o imaginación.

Sabe que ando pateando pensamientos porque me cuesta creer que no dimos pelea sobre el ring. Que el árbitro contó 10 segundos antes de los 12 rounds y asunto liquidado. Ahora habrá que pensar lo que se viene con la responsabilidad de lo que se viene. Que se quede quien quiera luchar hasta el último suspiro, que se deje una base que tenga intenciones de gloria y de ascenso.

El palo enjabonado puede ser peligroso. Por eso ya debe comenzar a idearse un plantel con garra y buen pie. Hay que volver a trepar la cuesta aunque el barranco esté enlodado y la lluvia pegue de frente. Hay que salir a ganar y mostrarle a todos que el escudo del Gasolero es una bandera guiada por los mejores. Y los mejores son aquellos que quieran llevar su puño apretado y su botín preparado. Serán quienes no aflojen… serán de roble como nuestro sentimiento…  O no serán nada.

Vamos a volver. Y junto a esa foto de aquel año maravilloso se posará una nueva y aún más gloriosa.

Federico Gastón Guerra

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