Aquél año de Malvinas…

La madrugada se hizo un solo eco. Bocinas que jugaban carreras con voces y gritos. Un puñado de locos logró otra hazaña. Lo hicieron una vez más y se metieron en la historia demasiado grande, en esa que será bronce eterno.

Aún se siente ese agitar de los corazones del 21 de diciembre de 1982 en el estadio de Huracán. Fueron penales con Atlanta y recién en la última gota de sudor se logró derramar el vaso de líquido Celeste.  Estaban 12 a 12 en los penales y Enrique Hrabina no pudo con el inolvidable Héctor “Mudo” Cassé. Fue en ese envión que Dabrowski, dejó su sello y venció al arquero Alberto Parsechián (13 a 12). Una vez más en la A. Una vez más el sufrimiento y la gloria en una misma garganta.

Mi papá Carlos me cuenta que me tenía a upa con mis casi 3 años: “Federico en un brazo y la radio portátil, en el otro”, dijo. Caminó toda la casa tantas veces como quien está encerrado o contenido en un grito que no puede estallar. Esa A estaba tan cerca como lejos y cuando se acariciaba parecía esfumarse como esa agua mentirosa que se forma en el andar de la ruta una tarde de verano.

La maratón Celeste fue de dos partidos definitorios en aquella vieja Primera B. El primer partido fue para nosotros: el equipo de Carlos Pachamé ganó 2 a 1 con tantos de Eduardo Masotto y Ricardo Dabrowski en el Ducó. La vuelta fue 1 a 0 para el Bohemio con tanto de Omar Porté de penal (se jugó suplementario pero el marcador quedó sin modificaciones). Y llegó la catarata de penales desde los 12 pasos.

Aquel Temperley fue 8º en la tabla general y 4º en su zona, se lee en las crónicas. Así logró ingresar al Torneo Reducido por el Segundo Ascenso.

Ese Gasolero fue primero comandado por Juan Carlos Merlo y luego por Oscar Pachamé. Camino a la gloria dejó en el camino a Chacarita Juniors (jugaban para el funebrero Luis Islas, Luis Abramovich y Enrique Ezequiel Borrelli); al Gimnasia y Esgrima La Plata de Jorge Higuaín y a Atlanta en esa final electrizante y sin precedentes.

Mi viejo, jura, tiró la radio y se ahogó en un llanto tan intenso que si le pregunto dos veces lo repite en esa película que te deja el recuerdo que corre a la velocidad de la luz.

Aquel plantel eterno fue: Del Ducca, Spataro, Dabrowski, Scotta, Piris, Aguilar, Lacava Shell, Hugo Issa, Villalba Ramírez, Cassé, Siviski, Alvarez, Benítez, Campelo, Aldape, Espósito, Esquivel, Mario Finarolli, Hernandorena, Masotto, Ottaviani, Pizzi y Zinna.

Las vueltas de la vida y de la Argentina nos recuerda, como dice la canción de El Show de Temperley, que aquel fue el año de Malvinas. De lucha, de injusticias, de broncas y de sueños rotos. Y justo Temperley, por esas cosas del fútbol, grabó ese año en su vitrina y en sus corazones. Fuegos distintos que aún arden e iluminan como una luz potente en el túnel de nuestra memoria.

Federico Gaston Guerra

Comentarios