El sueño del hombre despierto

No sé por dónde empezar. Las palabras se me agolpan en los dedos del teclado pero cuesta que salgan nítidas. Tal vez porque tengo sensaciones que son encontradas, aunque los opuestos se choquen. Todo aquello que puede ser, en minutos ya no es. De lo bueno y de lo otro. Caminás unos metros, entrás al quiosco, pedís el diario, pateás la plaza, tomás el colectivo de cada día, los mensajes inundan tus casillas de textos y de fotos, de plegarias y de augurios, de cuentas: sumas y restas imposibles…

El disgusto es sonrisa al rato. La vida ya es Celeste y nada se tiñe de otro color. La esperanza no es lo último que se pierde. Es lo que nunca se pierde. Porque la fe es una bandera que ya es esa sombra que nunca se irá de tu lado. Y queda una vida más. Y será a cara o ceca. No hay márgenes ni errores. Pero sabés qué, los hombres estamos hechos de virtudes y de errores. Entonces no puedo enojarme. Pero puedo.

Leí mucho sobre la bendita quiebra y esas historias tenebrosas que se posaron por nuestra casa Beranger. Escuché y viví hazañas tan increíbles como esta de llegar a la última fecha con vida propia. Pero si todo eso no hubiera estado, igual mi aliento sería el mismo. Pero como todo eso está, mi pasión se hace más ancha porque pensás que si se pudo rasguñar las piedras y salir de la tumba como no vas a pegar un grito o un salto a la gloria estando tan robusto.

La noche es larga. Se piensa en todo. Luego ocurren otras cosas. Pero se sigue pensando. Los porqué de la vida futbolera se abren como abanico español de una dama antigua en una recepción de gala. Y se posan frente a vos en todas las variedades. Y no entendés pero entendés. Y no querés ni mirar pero vivís con la oreja en la radio, en la Web, en el diario, en la tele…

Allá vamos. Acá estamos. Somos un manojo de todo. A vos también querido Temperley te debe llenar el cuerpo de emociones saber que en Liniers la procesión, justo desde donde salen las que van a Luján, irá por dentro. Pero esa adrenalina debe ser combustible que te infle el pecho y te haga salir a jugar con el coraje que sólo vos sabes.

Y es así. Porque vos sólo sabés como nadie interpretar esa frase de Borges: “Siempre el coraje es mejor, la esperanza nunca es vana”. Te hicieron con un temple distinto. Tu camiseta es el cielo en la tierra. Tu andar en la tierra nos hace sentir en el cielo. Y entonces allá vas como saeta surcando céspedes y pronósticos.

Lo pasado debe llenarte de orgullo. Los hinchas de siempre saben trasmitirte ese afecto que es sólo nuestro. Los jugadores que están con la casaca gasolera saben que ese peso de la historia no tira hacia abajo sino que eleva hacia lo más alto.

Andá sereno. Quemá el pasto de Vélez Sarfield con tu pisada segura y de aplomo. Dibujá trazos firmes en cada toque de pelota. Y soñá. Soñá junto con todo este pueblo que te quiere grande, que te quiere fuerte, que te quiere como sos: Un luchador, hermano.

Vamos a estar juntos. No te paralices. No te duermas porque, como dijo Aristóteles, la esperanza es el sueño del hombre despierto que saldrá a las calles a tu encuentro para darte el más hondo de los abrazos hasta quedarse dormido en sus lágrimas y a tu lado.

 

Por Federico Gastón Guerra

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