Los secretos de la pasión

Tengo un gran amigo tan fanático de Gimnasia y Esgrima La Plata que su hija se llama Bianca Azul en juego con los colores de su amado Lobo. Con Alejandro compartimos jornadas de buen trabajo y almuerzos de esos que el fútbol se respira en el aire. Hace poco por San Telmo, donde coincidíamos, fuimos a un bodegón, donde el vino se sirve en vasos de vidrio grueso, y entre el roer de un buen bife con ensalada, el dueño, mozo e hincha de Colegiales, contó que en ese boliche de esquina se rodó la escena más célebre de esa gran película que fue el Secreto de sus ojos. Ese momento clave en que el personaje de Francella sentencia: “El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión”

La frase es la más exacta en la vida de un amante de sus colores. Y estar en el lugar que se dijo hablando de fútbol y amores por su club con buenos amigos es un privilegio. El libro de ese film es de Eduardo Sacheri, otro filósofo de este deporte.

También recuerdo que esa Mesa de Galanes (gracias Roberto Fontanarrosa por tanto) se completaba con Ezequiel, hincha y periodista de Boca, y con Mauro, simpatizante del Talleres cordobés. Todo eso es la vida misma. Cada detalle. Cada “Te acordás…”. Cada momento de local o visitante. Esas exageraciones y evocaciones imposibles de aquellos jugadores que uno ya imprimió en su memoria como la mejor delantera o defensa, y con eso le tirás toda la presión a los de ahora…

Lo de Temperley en el bosque fue grande. Un despliegue y una prestancia que hizo emocionar hasta las lágrimas que se mezclaban con esa “garúa tanguera”, como dijo el relator de la radio, que caía como si estuvieran rallando nubes de otoño… Nuestro Gasolero se plantó en el bosque y jugó a la pelota pero de verdad. Tuvo la grandeza de ser tan inmenso hasta agigantar la figura del arquero del Lobo al límite de convertirlo en pulpo…

Al empate daba ganas de gritarlo pero también de contener el aliento porque parecía que iba a haber más… Hubo un gran juego con un equipo que respetó sus líneas y puso al dueño de casa en una situación incómoda.

Yendo por ese camino, vaya paradoja sin diagonales, todo parece mucho más despejado que ese gris de la noche. Habrá que seguir en una línea de buen pie. Como me dijo el DT Álvarez justo después de Aldosivi, por la confitería del Club: “Estamos bien. Vamos que se puede”. Corto. Un bálsamo para los hinchas que andamos con esa incertidumbre a flor de piel porque sabemos que se puede pero también entendemos que la empresa es brava y áspera…

Pero, acaso, este es el modo. Como en esa reunión de falsos galanes, que debemos repetir, me quedé largo de sobremesa tras el partido con la radio, Internet, recuerdos y los mensajes de Alejandro quien desde las tripas de su estadio elogiaba nuestro planteo… Vi los diarios, prolongué un café y hasta me dieron de ganas de atravesar la noche e ir en busca de un equipo que jugó en equipo y nos demostró que “hay una cosa que no (se) puede cambiar (…). No (se) puede cambiar de pasión.”  Y menos si somos de Temperley.

Federico Gastón Guerra

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