Sueños Celestes

Cosquillas. Esperanzas. Ilusiones. Meses de espera como quien paciente se sienta a esperar a la primera novia que salió de viaje. Y una vez que llega seguir en ascuas hasta que termine de maquillarse, ponerse perfume y cambiarse para salir. Todo eso. Pero salió Temperley al Beranger y los miedos y las alegrías se unieron en ese saludo clásico de segundos antes del pitazo del comienzo del partido. Tigre enfrente con algunos nombres que invitaban a tenerles, al menos, cuidado.

Minutos de impaciencia y nerviosismo que trocaron en tranquilidad pasado ya un rato de los primeros 45 minutos. Hasta que al final llegó el Gol de Vázquez que nos sacó ese aliento guardado de hace tanto tiempo. Contenido en esta mezcla de cambalache que es el fútbol nuestro de cada día donde cada remache está flojo y ya ni la biblia se junta con el calefón.

Segundo período de sufrir nomás. Empate de ellos (ese Luna es terrible) y dos de nosotros en una mezcla de goleadores e invitados (¿fue Escobar el que la tocó para el segundo tanto?).  Buen arranque del armenio – uruguayo. Y buen traslado de pelota para llegar a esos tres puntos que son oxígeno para un club que necesita de estas alegrías.

Falta mucho, tanto en partidos, puntos como en funcionamiento, al margen de los buenos toques que tuvo el equipo para llegar al Gol, y en coordinar la salida del fondo o en retener un poco más la bola en la mitad de la cancha. Pero si se gana y se observan los detalles para actuar mejor las cosas irán en remontada.

Qué se yo. Debo decirles que esperaba este partido con expectativas menores. Y sin embargo el Celeste me dio una cachetada para que reaccione y deje todo el aliento posible en ese estadio que es tan sagrado como ese cielo que se abrió generoso para desplegar en el firmamento la bandera más grande del mundo.

Al escribir estas líneas me veía en una foto casual de un amigo. Y me vi envuelto en gorrito, camiseta y buzo Gasolero. Y pensaba que somos privilegiados de tener a Temperley tan metido en el corazón y de poder seguirlo siempre. De gritar en su nombre y ser orgullosos de un club que crece pese a las piedras y charcos del camino.

Será por eso que al entrar a la platea en una encuesta que me acercó una chica sobre el nombre del nuevo Jardín de Infantes no dudé en elegir, sin mirar otras posibilidades, el de Sueños Celestes.

Es que estamos hechos de esperanzas. Sabemos que es lo último que se pierde. Y por sobre todo sabemos lo que es caer para levantarnos y seguir corriendo hasta cruzar metas. Y levantar los brazos justo cuando la arena del reloj estaba por acabarse… Y volver a empezar…

 

Federico Gastón Guerra

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